Desarrollo y cultura: una visión –no necesariamente– humanista de la diversidad en Patrimonio Cultural y turismo (Reseña)
Comparto aquí mi reseña del artículo Desarrollo humano y cultura: una visión humanista de la diversidad en Patrimonio cultural y turismo, del cuaderno 11 (pp. 198-204) publicado por CONACULTA en 2004. Presento un resumen y un juicio valorativo personal sobre lo desarrolla en el artículo de María Elena Figueroa Díaz.
María Elena es profesora e investigadora de la UNAM, profesora de la UAM Xochimilco. Sus estudios en UNAM han sido la licenciatura en Filosofía; maestría en Filosofía, Filosofía Política; doctorado en Ciencias Políticas y Sociales, Sociología; y maestría en Desarrollo Humano en la Universidad Iberoamericana –muy probablemente, entre otros estudios. Ella declara en el misto artículo que la génesis de sus ideas aquí plantadas devienen de su experiencia “primero como docente en cursos de desarrollo humano y trabajo en equipos, después de desarrollo humano y creatividad y, finalmente, de desarrollo humano y cultura” (Figueroa, 2004), es desde aquí de donde escribe. No es clara si se dirige a estudiantes o profesionales de gestión cultural, desarrollo humano, la antropología o las artes. Este artículo forma parte del undécimo cuaderno de la serie que CONACULTA, a través de la Coordinación Nacional del Patrimonio Cultural y Turismo publicó entre 2002 y 2006, y que en esta edición aborda temas como: patrimonio, gestión y política cultural, la cultura en el desarrollo integral, la capacitación de promotores y gestores culturales –que aquí es donde se anida el artículo en cuestión–, comunidades emergentes y cibercultura.
Primeramente, declara que desde su experiencia la visión humanista del ser humano no siempre es compartida por igual entre capacitados, gestores y promotores de cultura. Aclara que hay dos acepciones del desarrollo humano: una es del movimiento del potencial humano propia de la psicología del S.XX en Estados Unidos que se había desvinculado de la escuela psicoanalítica de aquellos años. El desarrollo humano desde aquí, aspira al desarrollo pleno del individuo en diversas áreas de la acción humana: la educación, el trabajo, las organizaciones, el trabajo social en comunidades, la salud, etc. La segunda acepción del desarrollo humano ha sido desarrollada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a través de la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia, la Educación y la Cultura (UNESCO) y por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), desde acá, el desarrollo humano será producto de un índice objetivo del grado de desarrollo del lugar donde vive determinada persona o grupo de personas y sus posibilidades para desarrollarse en él como ser humano. Este indicador contempla: educación, salud, e ingreso per-cáspita como principales; y en segundo lugar: número de teatros, escuelas, museos, kilovatios per-capita, disponibilidad de agua potable, ingesta de kilocalorías, entre otros tantos.
Retoma de José Antonio McGregor y Adrián Marcelli el poder transformador de la cultura y la vinculación del desarrollo humano y la cultura respectivamente, para concluir que todas la formas culturales están construidas sobre factores culturales. Aborda la cuestión de los indicadores cualitativos que se escaparán de las formas clásicas del método científico, pero que, dice ella, sirven para detectar otras formas no físicas sino representaciones imaginarias, simbólicas, que sirven para detectar las creencias y la naturaleza de una cultura y que deberán advertirse para cualquier proyecto de desarrollo. Algunas cuestiones de esta índole serán: la relación con el tiempo, como la percepción del futuro; la relación con el medio ambiente, como su percepción de la naturaleza, la gestión del patrimonio natural, el estilo de vida; la relación con el cuerpo y la alimentación, que tendrá que ver con la salud en cuanto a la concepción de el fenómeno enfermedad-salud, vida-muerte, los tabúes y costumbres alimentarias y sexuales, relación con el trabajo y la jerarquía. Esto hace referencia a su manera particular de ver el mundo y de interactuar con él, de simbolizarlo. El y la promotora de salud tendrá que vérselas con estos aspectos de la cultura y del desarrollo general, esta dimensión no cuantitativa es esencialmente humana y no podría sacarse de la ecuación del estudio y de los proyectos de desarrollo humano o cultural.
Más delante María Elena regresa a vincular esta esfera cultural con la esfera de lo personal: dirá que la persona y todos sus procesos internos tienen lugar en el escenario cultural y están determinados por la cultura misma. Dirá que los promotores culturales desde la perspectiva humanista deberán mirarse a sí mismos/as para advertir sus propias creencias, pensamientos, aspiraciones, escala de valores, etc.
Comenzará su cierre afirmando que el desarrollo humano deberá ser contexualizado para que tenga sentido y utilidad. Que el promotor/a humanista partirá de la confianza plena en el ser humano de potenciar sus capacidades, de ser experto en sí mismo, de la importancia de vivir aquí y el ahora (principio humanista por excelencia), de lograr una personalidad saludable y una buena gestión emocional, del aprendizaje significativo, y sin olvidar las implicaciones internas de las personas en el desarrollo colectivo y social. Además seguirá diciendo que el enfoque este del desarrollo cultural desde el desarrollo humano, partirá de la reivindicación de la persona (desde una concepción humana del ser humano) en su dignidad y fundamentada filosófica y racionalmente, y con un énfasis más en las relaciones culturales que en los productos acabados, de modo que se enfocará en la convivencia, y la construcción de un mundo propio.
Este texto pareciera mostrar a una María Elena Figueroa con la intención de motivar positivamente a sus lectores, su tono es en general amable, suave, no entra verdaderamente en discusión, quizá por la naturaleza de la publicación. Personalmente prefiero a la María Elena Figueroa del 2006, esa que cuestiona el desarrollo humano por el riesgo en el que probablemente más de alguno ha caído de ceder al impulso globalizador y occidentalizado. En su texto Políticas culturales para el desarrollo en un contexto mundializado baja el optimismo, levanta las cejas y se lee mucho más crítica respecto al desarrollo humano, pues, de entrada dice que la noción de desarrollo nace en el occidente moderno y estará lejos de ser neutral e universal.
Da la impresión que su perspectiva en el humanismo, que comenzara como una corriente filosófica, pronto se volvió un producto de aplicación psicológico, es un sesgo epistemológico del que no habrá más que advertir. Desde luego que el humanismo dirá de sí mismo que las perspectivas que le precedieron fueran insensibles y mecanizadas. Habla del psicoanálisis como si éste fuera uno solo, sin embargo, habrá que advertir que desde su nacimiento el psicoanálisis tuvo y seguirá teniendo intensas discusiones internas y actualizaciones constantes. Quizá, por el tiempo que evoca del nacimiento del humanismo en Estados Unidos, se referirá al psicoanálisis de los teóricos del Yo, y la psicodinámica: esmerados en el fortalecimiento del Yo, y con una terapia concentrada en la mediación que el Yo hace o debe hacer entre sus impulsos (Ello) y la cultura (moral). Es probable que desde el psicoanálisis en este momento de evolución, y de esas corrientes en particular, no hubiera mucho de dónde tomar para proponer algo para la noción de desarrollo humano, el psicoanálisis, más allá de los primeros trabajos de Freud donde abordara referencias antropológicas (textos como El Malestar en la Cultura o Totem y Tabú), no se ocupará mucho de la cultura y su dinámica si no es para nombrarla uno de las causas del sufrimiento humano. Por otro lado, no concuerdo con la autora cuando refiere que el humanismo ofreciera una aproximación más personalizada y sensible que el psicoanálisis: prácticamente por definición el psicoanálisis será el estudio de la subjetividad, no puedo concebir nada más personal y sensible que la experiencia subjetiva de cada persona. Las aportaciones del psicoanálisis, así como de otras escuelas de psicología, han dado mucha luz sobre la condición humana, incluso en su técnica del dispositivo analítico de la asociación libre y la atención flotante coinciden por ejemplo con lo que dice la misma Figueroa, respecto a que el promotor/a cultural deberá sustraerse (en términos psicoanalíticos) de su propio sistema de creencias y valores para escuchar desde la neutralidad (abstinencia y objetividad analítica) al paciente que le habla de su experiencia subjetiva de sufrimiento, es prácticamente en los mismos términos que Figueroa insta al promotor a mirarse a sí mismo/a (o trabajarse en términos humanistas) para que sus proyectos de desarrollo no vayan desde su persona y subjetividad sino desde las personas y las comunidades con su propia cultura. No está de más señalar que el psicoanálisis ha impactado en el bienestar humano de las personas en este tipo de terapias pues les son de ayuda para relacionarse mejor con su ambiente (Cérquela, et. Al., 2022).
Más allá de estas divergencias mínimas, el trabajo de María Elena Figueroa sin duda producto de trabajo fundamentado, serio y muy interesante. En línea se pueden encontrar varias publicaciones de ella, y de mi interés personal gracias a mi formación inicial en psicología y educación. En su perfil de LinkedIn se puede leer de ella misma: “Mi experiencia gira en torno a la docencia y la investigación en temas sociales y culturales; en concreto, en imaginarios, representaciones sociales y en metodología de la investigación social. Mis temas de investigación son políticas culturales, cultura y territorio, e imaginarios de futuro. Mis objetivos se dirigen a hacer investigación en temas emergentes relacionados con las transformaciones socioculturales que afectan a personas y grupos.”
Referencias
Cerquera Córdoba, A. M., Moreno Salgado, A. K., y Lizarazo Jácome, R. A. (mayo-agosto, 2022). Bienestar humano: Trascender el síntoma desde el humanismo y el psicoanálisis. Revista Virtual Universidad Católica del Norte, (66), 243-264.
Córdoba, A. M. C., Salgado, A. K. M., & Jácome, R. A. L. (2022). Bienestar humano: Trascender el síntoma desde el humanismo y el psicoanálisis. Revista Virtual Universidad Católica del Norte, (66), 243-264.
Figueroa, M. (2004). Desarrollo humano y cultura: una visión humanista de la diversidad en Patrimonio cultural y turismo, cuaderno 11 (pp. 198-204). CONACULTA.
Figueroa Díaz, M. E., (2006). Políticas culturales para el desarrollo en un contexto mundializado. Política y Cultura, (26), 157-183.
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| Título: Un cuadro en una escuela Fotografía de Ricardo Robles Ávalos |

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